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El Foro de las Mexiquenses

Horacio Duarte Olivares

Presidente estatal de MORENA

 

“No tenemos porqué seguir arrancándole concesiones a un estado al que no le preocupan las mujeres, no se va poder hacer nada hasta que no luchemos desde el poder”[1]. Esta es la principal conclusión vertida en el Foro “Estado de México, Estado Feminicida”, al que tuve la oportunidad de asistir por invitación de su impulsora, la diputada federal de Morena, Delfina Gómez Álvarez.

Del 15 al 17 agosto en el Senado de la Republica y Cámara de Diputados, pudimos conocer las luchas en favor de las mujeres en Bolivia, Costa Rica, Colombia, Honduras y México, con la idea de retomar las experiencias e impulsar un nuevo paradigma que erradique el oprobio, la desigualdad, la inequidad, la injusticia social y la violencia contra las mujeres mexiquenses.

Bolivia es el claro ejemplo de la lucha desde el poder, tras la llegada de Evo Morales a la presidencia en 2006, se priorizó la lucha por la justicia social con la descolonización, pero también mediante un proceso importante de despatriarcalización. Luego esas luchas fueron traducidas en la legislación y en políticas públicas para romper condiciones de inequidad entre mujeres y hombres.

Estas fórmulas políticas del proceso de cambio en ese país permitieron la refundación de Bolivia como un Estado Plurinacional, ambas funcionando en sentido solidario de ese programa político. Ya el “Estado no es un ente sobrenatural, ni tampoco es el Leviatán de Thomas Hobbes, es sólo una hechura humana y su suicidio como maquinaria colonial y patriarcal, es el fondo práctico de la descolonización y la despatriarcalización”[2].

La idea de tomar el poder como una estrategia de cambio y no como una propiedad de la clase dominante, consiste en romper con todas las parcelas de poder que sustentan los postulados misóginos, siendo necesario delimitar el fenómeno social que se pretende erradicar. Por tanto, la lucha contra la violencia de las mujeres mexiquenses debe realizarse bajo tres principios necesarios: hacerse acompañar de todos los movimientos sociales, permanecer en movilización constante para hacer que se cumpla la ley, y que los líderes políticos nos asumamos como feministas.

Es claro que los feminicidios son un problema estructural, todos los mexiquenses somos víctimas de un mismo sistema, por eso la lucha de las mujeres debe acompañarse por la unión de todos los movimientos sociales: campesinos, indígenas, magisteriales, etc. Las condiciones históricas del Estado de México son las generadoras de una población con casi el 50 % de personas sumidas en la pobreza, primeros lugares a nivel nacional en homicidios, delincuencia, inseguridad, corrupción[3] y por supuesto primer lugar nacional en feminicidios[4]. Y éstos son crímenes de estado porque al fracturarse el Estado de Derecho, se favorece la impunidad y la corrupción.

Entender los feminicidios como problema estructural, obliga a denunciar el monopolio de los poderes de dominación, el enriquecimiento desmedido, los privilegios de pequeñas minorías, gobiernos mexiquenses que únicamente han transitado entre la negación del problema y la salvaguarda de la imagen pública de los gobernadores, ejemplo: Eruviel Ávila ha gastado mil 252 millones 900 mil 595 pesos en promover su administración e imagen, inversión mayor a los presupuestos para infraestructura, gasto social, vivienda, atención a personas con discapacidad y derechos humanos[5].

No sólo en el ámbito gubernamental, también aquellos poderes fácticos que ejercen formas autoritarias y violentas de opresión, provocando el desmantelamiento de la dimensión social y progresista del Estado. Las voces de mujeres feministas nos han gritado infinidad de veces que erradicar la violencia contra las mujeres no se cura con rezos ni oraciones religiosas, “implica ir a sus raíces estructurales y desmontarlas”[6]. Baste con darse una vuelta por la entrada de la catedral de San José en la ciudad de Toluca (orgullosa capital del estado), para contemplar con tristeza como en las iglesias la mujer sigue siendo oprimida ideológicamente como causa del pecado en un letrero que reza: ”No entres a este sagrado lugar con minifaldas, pantalones ceñidos, escotes inmorales o alguna otra forma de vestir que ofenda a Dios”. Entonces, erradicar la violencia de género consiste en la reconfiguración del mapa mental de la población completa.

Un segundo principio a cumplir es permanecer en movilización constante para hacer que se cumpla la ley. En 2011 se penalizó en la legislación local el delito de feminicidio pero no se dieron los elementos para la correcta investigación con perspectiva de género y derechos humanos. En 2015 después de muchas batallas contra el gobierno mexiquense, se emitió la Alerta de Género para 11 municipios del estado, pero no se materializaron en acciones necesarias para garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

Mientras las mujeres del estado mueren asesinadas, sufren lesiones, sus hijos padecen las consecuencias de una violencia sexista, mientras son violadas, acosadas en el ámbito laboral, explotadas con salarios inferiores a los varones y su representatividad en el gobierno sigue siendo pequeña, la política mezquina del gobierno evade con programas emergentes la responsabilidad que le confiere el artículo 23 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia

La movilización social debe ser un mecanismo de lucha para sustituir la “Simulación de Alerta de Género” por una Alerta de Violencia de Género con el seguimiento a los casos de feminicidios; acciones preventivas, de seguridad y justicia, para enfrentar y abatir la violencia feminicida; reportes e indicadores de violencia contra las mujeres; la transparencia en los recursos presupuestales y su ejecución para hacer frente a la contingencia de alerta violencia de género.

Las resistencias que se oponen al cambio de ideología patriarcal son tantas y tan diversas, que un tercer principio es la exigencia de que los líderes políticos nos asumamos como feministas y trabajemos por lograr condiciones de igualdad. Padecemos un estado patriarcal sustentado en la falsa universalidad, por eso los líderes estamos obligados a recuperar la política como un medio privilegiado para lograr condiciones de igualdad, erradicar las exclusiones de género, la defensa del estado laico en la sexualidad, la defensa de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, el respeto a la diversidad sexual, la defensa absoluta de los derechos humanos, erradicar la violencia contra las mujeres.

Ser líderes feministas nos compromete no solo a trabajar para garantizar democracia política, democracia económica y democracia social. También nos compromete a asumirnos como individuos no violentos y rechazar cualquiera de sus expresiones.

Celebro el trabajo que realiza la diputada mexiquense Delfina Gómez Álvarez por dos razones importantes: La primera es porque este ejercicio democrático fue un punto de encuentro para dar voz a los casi 9 millones de mujeres mexiquenses, que aun siendo mayoría poblacional, han sido relegadas durante años. La segunda razón tiene que ver con reconocer el trabajo digno que desempeña como mujer de izquierda con formas pacificas de gobernar para ir a la raíz de los feminicidios y desmontarlos. Estoy seguro que sus propias conclusiones sobre el foro, pronto serán transformadas en realidades desde el poder y me uno a esta lucha.

[1] Adriana Salvatierra Arraiza, senadora de Bolivia, ponente en el Foro Internacional, “Estado de México, Estado Feminicida”.

[2] Chivi Vargas Idon Moisés, “Descolonización y despatriarcalización en Bolivia, entre testimonio y acción de Estado”, 2011, consultado en http://www.minmujer.gob.ve/, el 22 de agosto de 2016.

[3] De acuerdo con Cifras del INEGI, en el Estado de México se cometen 62,160 casos de corrupción por cada 100,000 habitantes, colocándolo como la entidad con más actos de corrupción.

[4] En el último año, los feminicidios en el Estado de México crecieron en un 30%.

[5] Cifras de la Coordinación General de Comunicación Social del Gobierno del Estado de México hasta mayo de 2015.

[6] Lagarde y de los Ríos, Marcela, “El feminismo en mi vida”; hitos, claves y topías, México, 2013, Instituto Nacional de las Mujeres, pág. 200.

 

Publicado originalmente en http://www.alfadiario.com.mx/articulo/2016-08-30/67865/el-foro-de-las-mexiquenses

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